viernes, 2 de diciembre de 2011

Cortado el espacio aéreo.

Pasaban los aviones, uno tras otro, y no llegaba el mío. Sentía que cuanto más se acercaba del momento, mi corazón latía arduamente. Había esperado meses para poder verla de nuevo, la primera vez fue especial, cuando teníamos quince, y estábamos todo el día juntos; la segunda vez fue pura casualidad, la vida volvió a cruzar nuestros caminos en aquella plaza, Londres, cinco de la tarde, fuimos a dar un paseo.
Pero ahora era diferente, me enteré de que trabajaba de azafata, y aquí estoy, esperando que llegue su avión para poder darle un gran abrazo y decirle lo mucho que la quiero.
Nos conocimos de vacaciones, aun éramos unos críos pero surgió la chispa; después nos olvidamos de nosotros mismos, pero de nuevo en vacaciones, unos años más tarde, cruzamos los caminos. Desde ese día supe que estaba locamente enamorada de ella.
Ahora no puedo pensar en la idea de que me rechaze...
Tras la multitud, vi ese pelo dorado tan peculiar por sus rizos, esa figura esbelta y definida por un vestido rojo, con sus maletas...toda ella, allí estaba Ana.
Nuestras miradas se cruzaron, soltó el equipaje y se quedó extrañada al verme.
-Ana, estoy aquí para decirte lo mucho que he deseado volver a verte, poder decirte lo mucho que te quiero, y que lo único que me gustaría sería para toda mi vida junto a ti.
Sin palabras se quedó, pero su mirada fue mucho mejor que cualquier cosa.

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