Ese pájaro, al que todos los días veía por la ventana de mi habitación posarse en la misma rama, estaba con otro pajarillo, y entre los dos cantaban una bonita canción. Era un sonido dulce, agudo, y elocuente, que daban ganas de escucharlo una y otra vez. Te atontaba su melodía, y eras incapaz de hacer algo mientras permanecías asomado a la ventana.
Tenías que estudiar, hacer las tareas, dormir, comer, beber, morir...fuera lo que fuese era mucho peor que oír ese fantástico canto.
Pero un día, ese pájaro estaba solo en la rama. Su compañero no estaba, y en su cara se veía la tristeza y la soledad que inundaban su pequeño cuerpo. No cantaba, miraba de un lado para otro buscándole, y sin encontrar repuesta. Le había abandonado, por cualquier causa, allí permanecía solo.
Todos los días que miro por la ventana de mi habitación, allí le veo, a la misma hora, en la misma rama, esperando.

No hay comentarios:
Publicar un comentario